El Índice de Precios de Consumo (IPC) en Euskadi registró un incremento de una décima en febrero, situando la tasa interanual en el 2,4%. Según los datos publicados, el encarecimiento de la vida en el País Vasco estuvo liderado por las subidas de precios en los restaurantes, los servicios de alojamiento y, de forma destacada, en los alimentos. Este repunte se vio parcialmente contenido por el abaratamiento de la electricidad, que actuó como contrapeso para evitar una escalada mayor del índice general.
En el análisis por territorios, se observan comportamientos diversos: mientras que Álava mantuvo su tasa en el 2,6%, Bizkaia experimentó un ascenso hasta el 2,7%. Por su parte, Gipuzkoa registró la tasa más moderada al situarse en el 2%. No obstante, la preocupación se centra en la inflación subyacente —aquella que no tiene en cuenta la energía ni los alimentos frescos—, que escaló hasta el 2,7%, alcanzando su nivel más alto desde agosto de 2024 y confirmando que las tensiones de precios se mantienen firmes en el núcleo de la cesta de la compra.
En términos mensuales, el IPC autonómico creció medio punto respecto a enero. Este escenario sitúa a Euskadi una décima por encima de la media estatal, que se mantuvo en el 2,3%. Las autoridades económicas han advertido que estas cifras todavía no recogen el impacto de la inestabilidad energética derivada del conflicto en Irán, por lo que se espera que las tensiones inflacionistas puedan agudizarse en los balances del próximo mes de marzo.







