Mientras los drones sobrevuelan las noches de ciudades como Odesa, Dnipro o Kiev, cientos de familias ucranianas conviven con una realidad marcada por explosiones, desplazamientos y estrés constante.
En ese contexto, el osteópata español Manuel Giganto ha desarrollado una labor poco conocida pero profundamente impactante: tratar las secuelas neurológicas y emocionales que la guerra está dejando especialmente en los niños.
Hasta la fecha ha tratado a más de 1.200 pacientes ucranianos, muchos de ellos menores que presentan trastornos neurológicos, ansiedad, hiperactividad o incluso pérdida del habla tras experiencias traumáticas.
Su trabajo combina técnicas manuales de estimulación del sistema nervioso con terapias naturales orientadas a recuperar el equilibrio neurológico, evitando en muchos casos la medicalización. Su clínica de salud integral en España se encuentra en Algorta, Getxo.
La guerra también deja heridas invisibles
Las consecuencias del conflicto no siempre son visibles. Según explica el especialista, una de las alteraciones más frecuentes que observa en consulta es la pérdida del habla o dificultades para comunicarse en niños pequeños.
En muchos casos, los menores habían comenzado a hablar con normalidad, pero tras vivir una explosión cercana o una situación extrema el sistema nervioso entra en un estado de bloqueo.
Los especialistas identifican varios tipos de casos:
- niños con disfunciones neurológicas en las áreas del cerebro relacionadas con el habla
- problemas en los nervios que controlan los músculos de la voz
- casos mixtos que combinan ambos factores
- bloqueos emocionales provocados por el trauma de la guerra
“Algunos niños estaban diciendo palabras sencillas como ‘mamá’ o ‘papá’. Tras una explosión cercana dejaron de hablar completamente”, explica.
Además, muchos menores viven en un estado constante de alerta. Las explosiones, los desplazamientos y la tensión familiar generan una hiperactivación del sistema nervioso que provoca síntomas como:
- Hiperactividad
- Problemas de sueño
- Ansiedad
- Agresividad
- Dificultad para concentrarse
Los adultos también sufren las secuelas del estrés y el trauma
Aunque gran parte de su trabajo se centra en los niños, muchos adultos que acuden a consulta presentan problemas de salud relacionados con el estrés prolongado y la desregulación del sistema nervioso. Según explica Manuel, estos desequilibrios pueden manifestarse en distintos sistemas del organismo.
Entre los problemas más frecuentes que observa se encuentran trastornos gastrointestinales, como alteraciones del tránsito intestinal, estreñimiento severo, distensión abdominal o dolor digestivo. El especialista explica que el sistema digestivo está profundamente conectado con el sistema nervioso autónomo, por lo que el estrés continuado puede alterar su funcionamiento.
También aparecen problemas cardiorrespiratorios, relacionados con la dificultad del organismo para regular funciones automáticas como la respiración o el ritmo cardiovascular cuando el sistema nervioso permanece en un estado de alerta constante.
Otro grupo importante de pacientes acude por neuralgias y dolores neurológicos, incluyendo dolores de cabeza, activación dolorosa de nervios craneales o tensiones en las membranas que rodean el sistema nervioso central.
Además, muchos adultos presentan dolores musculoesqueléticos crónicos, como hernias discales, ciática, bloqueos articulares o lesiones musculares, que en algunos casos también pueden estar vinculados a alteraciones del sistema nervioso y del equilibrio del cuerpo.
Tratar el trauma sin fármacos
Para abordar estos problemas, Manuel trabaja con técnicas manuales centradas en el sistema nervioso, especialmente en los 12 pares craneales, responsables de múltiples funciones neurológicas.
Entre los tratamientos que aplica destacan:
- drenajes craneales para mejorar la circulación del líquido cefalorraquídeo
- estimulación neurológica manual
- técnicas de regulación del sistema nervioso autónomo
- trabajo sobre nervios craneales y cervicales
- ejercicios de rehabilitación que las familias continúan en casa
El objetivo es regular el sistema nervioso y reducir la hiperactivación cerebral provocada por el trauma.
Según explica, los efectos pueden notarse incluso durante la propia sesión.
“Cuando se estimulan ciertas zonas del cráneo se mejora la circulación sanguínea en el cerebro, lo que reduce la presión interna y produce una sensación inmediata de claridad mental y relajación”.
Un sistema sanitario desbordado por la guerra
La necesidad de este tipo de terapias ha aumentado porque el sistema sanitario ucraniano ha perdido a muchos profesionales desde el inicio del conflicto.
Muchos médicos han abandonado el país o se han desplazado a otras zonas, lo que ha generado carencias importantes en áreas como la rehabilitación neurológica y las terapias especializadas.
En este contexto, muchas familias buscan alternativas para tratar a sus hijos.
La información sobre el trabajo de Manuel se ha difundido principalmente de boca en boca entre los propios pacientes, provocando que cada vez más familias acudan a sus consultas.
Un vínculo humano con los pacientes
Más allá de la parte clínica, el impacto emocional del trabajo también es evidente.
El terapeuta recuerda que muchos niños, después de las sesiones, regresan para darle un abrazo o llevarle pequeños regalos.
Algunos incluso dibujan corazones en los que aparecen unidas las banderas de España y Ucrania.
“Un niño de cuatro años me compró un pequeño muñeco para que lo guardara. Quería que me lo llevara conmigo. Si intentaba devolvérselo se enfadaba”.
Para muchos de estos menores, explica, el tratamiento no es solo una terapia física, sino también un espacio seguro en medio del caos de la guerra.
Un enfoque integral del cuerpo
El trabajo del osteópata parte de una idea central: muchos problemas de salud están relacionados con el sistema nervioso y el sistema hormonal, que actúan como los dos grandes sistemas de comunicación del cuerpo.
Cuando estos sistemas se alteran por estrés o trauma, pueden aparecer síntomas en distintos órganos.
“Muchas enfermedades no son solo problemas locales. Son disfunciones del sistema nervioso que terminan manifestándose en distintas partes del cuerpo”.
Por ello, el tratamiento busca estimular los mecanismos naturales de regulación del organismo, en lugar de centrarse únicamente en los síntomas, con el apoyo de algunos complementos naturales.
Una vocación nacida de la experiencia personal
La vocación de Manuel Giganto comenzó en su adolescencia, cuando ayudó durante años a rehabilitar a su propio padre tras una grave lesión neurológica.
Aquella experiencia le llevó a dedicarse profesionalmente a la investigación y desarrollo de terapias manuales basadas en el funcionamiento del sistema nervioso.
Décadas después, ese camino profesional ha terminado conectando con una de las crisis humanitarias más importantes de Europa.
En medio de la guerra, su trabajo se ha convertido para muchas familias ucranianas en una esperanza de recuperación para sus hijos.








