La reestructuración de las medidas fiscales vinculadas a la crisis de Irán provocará un incremento inmediato en el precio de los combustibles a partir de este 1 de julio. La principal causa de este encarecimiento es la restauración del IVA al 21%, dejando atrás el tipo reducido del 10% que se aplicaba hasta la fecha. Para suavizar la transición, el Consejo de Ministros ha establecido una reducción progresiva de la ayuda en el Impuesto Especial de Hidrocarburos, fijando la bonificación en 15 céntimos por litro durante julio, que descenderá a 10 céntimos en agosto y a 5 céntimos en septiembre antes de extinguirse.
La gasolina acusará en mayor medida el cambio regulatorio con una subida media de nueve céntimos, situando el litro cerca de los 1,56 euros según los datos que maneja la Asociación de la Industria del Combustible de España (AICE). Este repunte, equivalente a un 7%, viene determinado por el menor blindaje fiscal de este producto y la evolución de los mercados exteriores. Traducido al consumo doméstico, completar un tanque medio de 50 litros con este carburante implicará un gasto extra de aproximadamente cinco euros para el usuario.
El impacto sobre el gasóleo de automoción resultará algo más contenido en el arranque del mes, con un aumento de cuatro céntimos por litro que elevará su coste general a los 1,50 euros. Este escenario propicia que el diésel regrese a su dinámica habitual de precios por debajo de la gasolina, rompiendo la tendencia anómala vivida durante el conflicto internacional en la que llegó a ser más caro. Con estas nuevas tarifas, los conductores que inicien las vacaciones estivales abonarán 1,20 euros más por cada repostaje completo de gasóleo.








